miércoles, 19 de noviembre de 2008

Persecución y escape de marchistas

Ramón H. Potosme

*Grupos del orteguismo los buscaban hasta debajo de las piedras

*Escenas de película y hasta con escudos hechos con barriles

La marcha convocada por el candidato del Partido Liberal Constitucionalista, PLC, Eduardo Montealegre, había sido abortada por el FSLN, que movilizó a simpatizantes de todo el país para que se apostaran en todas la vías de acceso hacia los semáforos del Hotel Princess.

Montealegre y Quiñónez salieron minutos antes de las cuatro de la tarde cuando algunos simpatizantes del partido de gobierno ya habían roto la cadena de antimotines y disparaban morteros más cerca de la manifestación.

A las 3:45, Montealegre aceleró su discurso, mientras los antimotines preparaban la salida hacia la Zona Hippos, por donde ya corría también una gran cantidad de gente. Los antimotines acordonaron una fila de camionetas, y a una gran velocidad sacaron a Montealegre y a Enrique Quiñónez del lugar.

Crean sus propios escudos
La camioneta del sonido no tuvo apoyo policial, pero jóvenes improvisaron corazas con barriles cortados a la mitad, con los que se protegerían cuando pasaran cerca de los manifestantes del FSLN.

Mientras, algunos se preparaban con piedras que rodeaban algunas palmeras de la carretera a Masaya, pero nunca fueron usadas, pues un minuto después de la salida de Montealegre no quedaban en el lugar más que policías y periodistas.

Les divertía persecución
Por una salida no muy visible hacia los Robles, detrás del restaurante Conchas Negras, corrió una gran cantidad de gente, y por la Zona Hippos se creó otra rápida procesión. Pese a ello, manifestantes del partido gobernante que se encontraban ceca del Hotel Seminole comenzaron a seguir a los manifestantes opositores con morteros. Aparentemente, no hubo heridos.

Ya en la Zona Hippos un grupo de señoras corrió hacia el sur buscando un lugar despejado, pero fueron sorprendidas por otro grupo orteguista, y al instante venían de regreso, corrieron hacia el este, pero aparecieron más personas con banderas rojinegras, por lo que algunas se refugiaron en restaurantes y bares de la zona. Los negocios cerraron sus puertas, mientras a lo lejos daba la vuelta, gritando, otro grupo de jóvenes con morteros y tiradoras en la mano.

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