Gobierno receta “palo” para impedir marcha de oposición
Octavio Enríquez y Eddy López
nacionales@laprensa.com.ni
Ortega desaparece
Esta vez el presidente Daniel Ortega calla sobre la violencia generada por su partido en todo el país a raíz de los cuestionados resultados. Tampoco han aparecido el candidato de Managua, Alexis Argüello, ni el de León, Manuel Calderón.
El Gobierno se impuso con la “P” de palo que usaba Somoza para reprimir a sus adversarios, y logró impedir que la oposición realizara la anunciada marcha de ayer domingo en León para protestar porque se consideran víctimas de un fraude electoral.
Los marchistas hicieron varios intentos.
El primero de ellos ocurrió a las 2:57 de la tarde, cuando el candidato a alcalde de los liberales, Ariel Terán, reunió a un pequeño grupo en la casa de campaña de su partido, ubicada dos cuadras y media al norte de la Catedral.
Sandinistas cerca
Desde la casa de campaña liberal, frecuentada por un grupo ralo de simpatizantes, se miraba a dos cuadras una masa enardecida de sandinistas que levantaban banderas y se acercaban más y más adonde los liberales, para presionarlos. Eran los que en la mañana, convocados por su partido, sin ninguna malicia, según sus dirigentes, celebraban la victoria de su candidato en la segunda ciudad más importante del país.
Cuando los morteros estallaron, la alegría que contagiaba a los liberales, que escuchaban al dominicano Juan Luis Guerra, se disipó. Ya cuando la marcha salió, los sandinistas estaban a menos de una cuadra. Gritaban y algunos cohetes habían pegado en el frontal de una casa vecina. Del otro lado de la calle la presión era igual o peor.
La Juventud Sandinista tenía su guarida muy cerca y desde ahí hablaban de defender el voto.
Los sandinistas dieron un paso más para acabar de una vez por todas con la única oportunidad que les quedaba a los liberales de salir, protegidos por la Policía.
Varias caravanas recorrieron dos calles adyacentes por las que “casualmente” pasaban simpatizantes vitoreando a Calderón, con mantas donde se leía: “El FSLN no quiere violencia en León”.
Con fuerza, y mensajes de paz y reconciliación, cercaron a la oposición. Así destruyeron la posibilidad de que marcharan en un segundo intento a las 3:31 de la tarde, cuando el sitio estaba prácticamente resguardado por los antimotines, más de 800, según la vocería de la Policía.
Si alguien fue criticada, esa fue la Policía. La gente gritaba: “¡Policía, Policía!”, alzando las manos cuando las tropas de choques aumentaban su presión.
Un hombre pasó con la frente abierta, sangrando, víctima de una pedrada. Varios periodistas fueron alcanzados también y la gente se escondía en las casas y llamaba a sus parientes para tranquilizarlos en los minutos que duró lo peor.
Estrategia militar
Lo de ayer fue una operación militar. Días antes de los acontecimientos, a León había llegado el coronel retirado Lenín Cerna, antiguo jefe de la seguridad del Estado en los años ochenta y soldado fiel del presidente Daniel Ortega, para organizar la defensa del voto.
Asumió la jefatura de los llamados Consejos del Poder Ciudadano (CPC) en León y delineó su estrategia, que se tradujo en no dejar entrar a la ciudad a los simpatizantes de los opositores. Luego vendría el cerco, asegurado a base de pedradas y amenazas.
La Policía informó que en la carretera de Managua a León se colocaron al menos 13 tranques.
El que más atención recibió de los medios de comunicación fue el que le impidió el paso al candidato a alcalde de Managua, Eduardo Montealegre, quien reclama el triunfo de la Alcaldía después de los dudosos datos ofrecidos por el Consejo Supremo Electoral.
La caravana de Montealegre no logró llegar a León porque fue devuelta a Managua en dos ocasiones. Primero desde la entrada a Nagarote y posteriormente desde Mateare.
Montealegre se desplazaba hacia León para apoyar la marcha de su correligionario Ariel Terán.
Sin embargo, simpatizantes sandinistas lo retuvieron con troncos de árboles puestos sobre el kilómetro 38.5 de la Carretera Nueva a León, para impedirles el paso.
Guerra en la radio
En la radio había una guerra. Junto con Montealegre viajaba su candidato a vicealcalde, Enrique Quiñónez, quien hizo llamados incendiarios en Radio Corporación a defender el voto. En Radio Ya, del oficialismo, se escuchaba la otra cara de la moneda. Allí llamaban criminales y ladrones de bancos a estos liberales e igual llamaban a defenderse.
Disparos
Montealegre, que era acompañado por el sandinista renovador Edmundo Jarquín y cien simpatizantes más, aseguró que una ambulancia se abrió paso entre la caravana liberal y tras ésta, una camioneta roja y sucia les disparó. Aclaró que no hubo heridos.
Las cosas, sin embargo, se empezaron a tensar más después que los liberales dispararon al aire para ahuyentar a los sandinistas. Ocurrió exactamente lo contrario. Los morteros y las pedradas se prodigaron al punto que provocaron que Montealegre desistiera de viajar a León.
En todo León, los orteguistas pusieron retenes y quemaron llantas. El alcalde electo de Nagarote, Juan Gabriel Hernández, encabezó a los suyos.
Heridos
Los “orteguistas” afirmaron que seis de sus compañeros resultaron heridos, mientras que los liberales reportaron un herido, un escolta del diputado Enrique Quiñónez, quien supuestamente recibió un balazo. Sin embargo, los liberales no dieron a conocer el nombre del herido, aduciendo razones de seguridad para la familia de la víctima.
En medio del caos generalizado desde Managua hasta León hubo seis policías heridos, informó la Policía. Nunca la Policía había sido tan cuestionada.
Agobiado por las preguntas de los periodistas, el subdirector de la Policía Nacional, Horacio Rocha, confesó que se trataba de un problema político, no policial, y aseguró que ellos habían hecho lo posible para resguardar a los liberales.
Sin embargo, los oficiales detenían a los miembros de los CPC y los soltaban casi de inmediato, como ocurrió con uno al que intentaron linchar, fue brevemente apresado y luego estaba libre, burlándose con otros sandinistas de sus adversarios.
“¿Dónde están los huevos de Quiñónez?”, preguntaba un hombre junto al liberado. La jefa de Relaciones Públicas de la Policía, la comisionada mayor Vilma Reyes, aseguró que detuvieron a tres personas únicamente.
Entre los seis oficiales heridos está el subcomisionado Federico Flores, el policía de más alto rango afectado. “¿Por qué reclaman, si ellos ganaron?”, preguntaba un vigilante al ver a los jóvenes con capuchas. Tenían poderosos lanzamorteros en las manos. El alcalde saliente de la ciudad, Tránsito Téllez, era uno de los que estaban entre los manifestantes.
lunes, 17 de noviembre de 2008
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