Douglas Carcache
La Prensa
Me acerco a la rotonda de Me-trocentro en una fila de carros que avanzan lentos y veo cruzar, amenazantes, a jóvenes con los rostros cubiertos y armados de piedras, tubos y morteros. Están tomando posiciones en las esquinas y algunos alzan los brazos como si advirtieran a los ciudadanos en los vehículos que se cuiden, que están en sus manos y a la menor sospecha serán blanco de las pedradas.
Paso la rotonda y un policía se agacha en el bulevar, frente al portón principal de Metrocentro, mientras divisa de lejos a las turbas que se reúnen al otro lado y preparan una nueva jornada de violencia en el centro de Managua. El agente parece temeroso, al menos evita acercarse y eso puede indicar que siente rebajada su autoridad frente a los grupos violentos pro gubernamentales, o tiene órdenes de sólo vigilarlos, nunca impedirles su “celebración”.
En cualquiera de los dos casos, se hace evidente que las turbas sandinistas mandan, su poder se ha elevado por encima de la autoridad policial. Horas después, puedo ver en la televisión oficialista cómo las hordas de enmascarados penetran a los parqueos de Metrocentro, lanzan piedras y morteros y destruyen vehículos. ¿Y la Policía, dónde está? Nadie sabe, no aparece por ningún lado.
En distintas ocasiones los jefes de la Policía Nacional han dicho que el uso de morteros es prohibido, pero ese día ningún agente policial se percata de eso. Peor aún, tampoco ven los vehículos dañados, la invasión y destrucción en una propiedad privada. Las turbas del Frente Sandinista (FSLN) cometieron en una tarde y en un solo punto varios delitos, y siguen impunes.
Ahora la Policía tampoco puede decir que faltan pruebas, porque la televisión oficialista mostró varias veces la asonada, como si se tratara de escenas “heroicas” y las atribuyó al “pueblo”.
Un día después, las turbas llegan a otro centro comercial, Galerías, donde un vigilante privado resulta herido y, ante las amenazas, las tiendas son evacuadas y cerradas. El gerente del centro asegura que llamó varias veces a la Policía y ésta nunca llegó.
Por lo visto, ya nadie escapa al poder de las turbas. Primero ocuparon las rotondas de la ciudad de Managua, donde han estado prestas a atacar a los opositores. Luego, cuando la oposición liberal denunció el fraude en las elecciones municipales, salieron a “celebrar” la victoria del FSLN en Managua y provocaron el caos para que los adversarios del gobierno se replegaran y nadie dudara de quién manda en el país.
Si por la víspera se saca el día, como decimos en Nicaragua, en la próxima administración municipal de Managua mandarán las turbas. No importa si el sandinista “electo” se llama Alexis Argüello o tiene otro nombre, porque al final será como cualquier afiche pegado a una pared que la lluvia y el viento terminarán de botar. Esa Alcaldía y otras estarán en manos del presidente Daniel Ortega, al servicio de sus propósitos dictatoriales, y quien reclame o critique se arriesga a ser reprimido por las turbas.
Hubo una época en que el FSLN coreaba la consigna “trabajadores al poder”. Hoy, no cabe duda, su lema es “turbas al poder” y es difícil que un trabajador digno se identifique con esa masa irracional y violenta.
lunes, 17 de noviembre de 2008
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